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Proteína: cuánto necesitas, cómo elegirla y por qué es clave para mantener el músculo
Hola, soy la Dra. Isabel Viña Bas, médica y Directora Científica de IVB Wellness Lab.
Cada vez hablamos más de proteína. La encontramos en batidos, barritas, yogures, panes y todo tipo de alimentos enriquecidos. Y es normal que surjan preguntas: ¿realmente necesitamos tanta proteína? ¿Qué ocurre cuando la comemos? ¿Toda la proteína que ingerimos va al músculo? ¿Son todas las proteínas iguales? ¿Cuánta necesitamos según nuestra edad o nuestro nivel de actividad?
Para responder a estas preguntas, en este episodio me acompaña el Dr. Juan Viña, médico, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular y, además, experto en metabolismo de las proteínas.
Y hay una idea que va a estar presente durante toda la conversación: la proteína es mucho más que músculo.
Nuestro organismo necesita proteínas para mantener los tejidos, producir enzimas, fabricar hormonas, participar en las rutas metabólicas y desarrollar muchas otras funciones imprescindibles para la vida.
Por eso, cuando hablamos de proteína, tenemos que dejar de pensar únicamente en ganar masa muscular y empezar a entenderla desde una perspectiva mucho más amplia.
¿Qué hace nuestro cuerpo con la proteína que comemos?
Cuando ingerimos un alimento que contiene proteínas, nuestro organismo no utiliza directamente esa proteína tal y como la hemos comido.
Primero tiene que digerirla.
Las proteínas están formadas por cadenas de aminoácidos y, durante la digestión, esas estructuras se descomponen en unidades más pequeñas. Los aminoácidos se absorben en el intestino, pasan a la sangre y, a partir de ahí, pueden llegar a los diferentes tejidos del organismo.
Y aquí encontramos una de las primeras ideas importantes:
la proteína que comes no va directamente al músculo.
Los aminoácidos se distribuyen por todo el organismo y se utilizan para fabricar diferentes tipos de proteínas.
Por ejemplo, pueden utilizarse para producir:
Proteínas estructurales.
Enzimas.
Proteínas relacionadas con la defensa.
Hormonas.
Proteínas necesarias para las diferentes rutas metabólicas.
El músculo es uno de esos tejidos, pero no es el único.
¿Para qué necesita proteína el músculo?
El músculo necesita aminoácidos para fabricar las proteínas que forman sus estructuras.
Pero también necesita proteínas para que el propio músculo pueda funcionar correctamente.
Dentro del tejido muscular existen diferentes rutas metabólicas y enzimas que permiten que se produzcan procesos como la generación y utilización de energía, la acumulación de glucógeno o la contracción muscular.
Por tanto, cuando hablamos de proteína y músculo, tenemos que pensar en dos conceptos diferentes:
la proteína sirve para construir el músculo, pero también para que ese músculo pueda funcionar.
Y esto es especialmente importante a medida que envejecemos.
Porque el objetivo de mantener una buena masa muscular no es únicamente tener más músculo.
Es conseguir que el músculo siga siendo funcional.
Que nos permita caminar, levantarnos de una silla, subir escaleras, cargar bolsas, mantener nuestra independencia y luchar contra la fragilidad.
Por eso, cuidar el músculo es importante durante toda la vida.
Las proteínas no solo están en el músculo
Si pensamos en proteínas, probablemente lo primero que nos viene a la cabeza es el músculo.
Pero las proteínas están prácticamente en todas partes.
Por ejemplo, muchas hormonas son proteínas.
Entre ellas encontramos la insulina, la prolactina, la hormona de crecimiento y diferentes hormonas relacionadas con el funcionamiento del eje reproductivo, como la FSH y la LH.
También las enzimas son proteínas y son fundamentales para que puedan producirse las diferentes reacciones químicas que mantienen nuestro organismo funcionando.
Por tanto, cuando ingerimos proteína no estamos simplemente aportando "material para construir músculo".
Estamos proporcionando los aminoácidos que nuestro organismo necesita para fabricar sus propias proteínas.
El músculo tiene una importancia especial porque es un tejido muy activo y porque su mantenimiento está directamente relacionado con nuestra movilidad y nuestra independencia, pero metabólicamente hablando, no es el único tejido que necesita proteínas.
¿A dónde va la proteína que comemos?
Una vez que las proteínas se digieren y los aminoácidos se absorben, estos llegan a través de la circulación portal al hígado.
Y aquí encontramos una pieza fundamental.
El hígado es el primer gran órgano que recibe estos aminoácidos procedentes del intestino y utiliza una parte importante de ellos para sus propias funciones.
Entre otras cosas, el hígado utiliza aminoácidos para fabricar proteínas estructurales y proteínas que posteriormente libera a la sangre, como la albúmina.
Pero no todos los aminoácidos se quedan en el hígado.
Una parte continúa hacia la circulación general y puede llegar a otros tejidos como el cerebro, los riñones, el corazón o el músculo.
Por eso, cuando ingerimos proteína, existe una distribución de aminoácidos entre diferentes tejidos.
Y esto también nos ayuda a entender por qué la salud hepática es tan importante cuando hablamos de metabolismo de las proteínas.
¿Por qué es tan importante el hígado para metabolizar las proteínas?
Los aminoácidos tienen una estructura que contiene carbono y nitrógeno.
Cuando ingerimos más aminoácidos de los que necesitamos para fabricar proteínas, nuestro organismo tiene que metabolizarlos.
El grupo amino se transforma en urea, un proceso que ocurre en el hígado, y posteriormente la urea se elimina a través de la orina.
Por otra parte, la estructura carbonada de los aminoácidos puede oxidarse o transformarse en otros productos metabólicos.
En determinadas circunstancias, incluso puede contribuir a la formación de lípidos.
Por eso, el hígado tiene un papel fundamental en el metabolismo de los aminoácidos.
Y esto es especialmente interesante cuando hablamos de personas que presentan alteraciones metabólicas o acumulación de grasa hepática.
¿El ejercicio hace que más proteína llegue al músculo?
Aquí aparece uno de los conceptos más interesantes del episodio.
Los aminoácidos se distribuyen por el organismo, pero el ejercicio puede favorecer que una mayor cantidad llegue al músculo.
¿Y por qué?
Por varios mecanismos.
Por una parte, la insulina favorece la captación muscular de determinados aminoácidos, especialmente los aminoácidos de cadena ramificada.
Por otra, el propio ejercicio favorece el transporte de estos aminoácidos hacia el músculo.
Pero existe otro mecanismo muy sencillo que muchas veces olvidamos:
el ejercicio aumenta el flujo sanguíneo hacia el músculo.
Si en la sangre existe una determinada concentración de un aminoácido y aumenta el flujo sanguíneo hacia el tejido muscular, llegará una mayor cantidad de ese aminoácido al músculo.
Por eso, si queremos favorecer que los aminoácidos que ingerimos se utilicen para mantener y desarrollar nuestra masa muscular, la combinación tiene mucho sentido:
proteína suficiente + ejercicio de fuerza.
No se trata únicamente de comer más proteína.
Hay que proporcionar también al músculo el estímulo que necesita.
¿Cuánta proteína necesitamos al día?
Esta es probablemente una de las preguntas que más dudas genera.
Durante mucho tiempo se ha utilizado como referencia la cifra de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal al día.
Pero aquí es importante hacer una distinción:
0,8 g/kg no significa necesariamente que sea la cantidad óptima para todo el mundo.
Es una referencia mínima establecida en un determinado contexto y para unas determinadas condiciones.
Y las necesidades de una persona no son las mismas que las de otra.
No necesita lo mismo:
Una persona joven que una persona mayor.
Una persona sedentaria que una persona que entrena.
Una persona sana que una persona enferma.
Una persona que mantiene su peso que alguien que está perdiendo peso.
Una persona de 30 años que una persona de 80.
El ser humano es heterogéneo.
Por eso, no podemos coger una única cifra y aplicarla de manera idéntica a toda la población.
¿De dónde salió la recomendación de 0,8 g/kg?
Esta cifra tiene además un contexto histórico interesante.
Las primeras recomendaciones se establecieron hace décadas, en un momento en el que las circunstancias sociales y sanitarias eran muy diferentes.
Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, existía una preocupación evidente por establecer cuál era la cantidad mínima de proteína que podía garantizarse en determinadas circunstancias.
Con el paso de los años, la investigación fue evolucionando y también lo hicieron los métodos utilizados para estudiar las necesidades proteicas.
Hoy disponemos de más conocimientos sobre las diferencias entre personas, el envejecimiento, el ejercicio físico, la enfermedad y la composición de las proteínas.
Por eso, la cifra de 0,8 g/kg puede quedarse corta para muchas personas.
Como referencia general, en el episodio se plantea una ingesta aproximada de 1,1-1,2 g de proteína por kilogramo de peso corporal al día, siempre teniendo en cuenta la calidad de la proteína y las características individuales.
En determinadas personas, especialmente cuando existe actividad física, las necesidades pueden ser superiores.
¿Las personas mayores necesitan más proteína?
La edad es uno de los factores que más debemos tener en cuenta.
Con el paso de los años aparece lo que conocemos como resistencia anabólica.
Esto significa que el músculo puede responder peor a una determinada cantidad de aminoácidos y al estímulo del ejercicio.
Una persona de 70 años puede ingerir exactamente la misma cantidad de proteína que una persona de 25 y, sin embargo, obtener una respuesta muscular diferente.
Esto ocurre porque el organismo cambia con la edad.
Puede existir una menor eficiencia en la absorción de determinados nutrientes, pueden coexistir enfermedades, puede aumentar el consumo de medicamentos y, sobre todo, puede disminuir la actividad física.
Por eso, mantener una ingesta adecuada de proteína y acompañarla de ejercicio de fuerza adquiere todavía más importancia a medida que envejecemos.
El objetivo no es simplemente vivir más años.
Es llegar a esos años manteniendo nuestra autonomía y nuestra capacidad funcional.
¿Qué es la resistencia anabólica?
La resistencia anabólica puede entenderse como una menor sensibilidad del músculo a los aminoácidos y al estímulo necesario para construir y mantener proteínas musculares.
Puede aparecer con la edad, pero no es exclusiva del envejecimiento.
También puede relacionarse con:
Inmovilidad.
Enfermedad.
Inflamación.
Falta de ejercicio.
Alteraciones metabólicas.
Y aquí encontramos un principio fundamental de la biología:
para que exista una respuesta tiene que existir un estímulo adecuado.
Comer proteína proporciona los aminoácidos necesarios, pero si no existe un estímulo muscular suficiente, la respuesta no será la misma.
Por eso, una persona que permanece inmovilizada durante un periodo prolongado puede perder masa muscular incluso aunque siga aportando proteína.
¿Qué relación existe entre resistencia a la insulina y músculo?
La resistencia a la insulina también puede influir en la respuesta del músculo a la proteína.
Entre los aminoácidos especialmente importantes para el músculo encontramos los aminoácidos de cadena ramificada, como:
Leucina.
Isoleucina.
Valina.
Para que estos aminoácidos puedan entrar en el músculo existe una relación con la señalización de la insulina.
Si una persona presenta resistencia periférica a la insulina, el músculo puede responder peor y captar de forma menos eficiente determinados aminoácidos.
Esto añade otra pieza al concepto de resistencia anabólica.
Y aquí aparece una relación interesante entre metabolismo, composición corporal y masa muscular.
¿Cómo podemos mejorar la sensibilidad a la insulina?
Una de las herramientas principales vuelve a ser el ejercicio físico.
Ganar masa muscular puede ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina y, al mismo tiempo, favorecer una mejor utilización de los nutrientes.
La alimentación también tiene un papel importante.
Entre las estrategias que se mencionan en el episodio encontramos el aumento del consumo de fibra, que puede contribuir a mejorar determinados parámetros metabólicos y a reducir la inflamación.
También se mencionan algunos complementos que pueden utilizarse como apoyo en determinados contextos, entre ellos:
Berberina.
Coenzima Q10.
Licopeno.
Silimarina.
Gymnema sylvestre.
Mio-inositol.
Pero una vez más, los complementos no sustituyen a las dos bases principales:
movimiento y alimentación adecuada.
¿Cuánta proteína podemos absorber en una comida?
Existe una idea muy extendida según la cual nuestro cuerpo solo puede absorber una cantidad determinada de proteína en una comida.
Sin embargo, desde el punto de vista de la digestión y absorción, no existe un límite sencillo a partir del cual el organismo deje de absorber la proteína ingerida.
Nuestro intestino cuenta con numerosos transportadores de aminoácidos y diferentes mecanismos de absorción.
Por tanto, no debemos pensar que si ingerimos más de una determinada cantidad en una comida, el resto simplemente "se pierde".
Lo que ocurre después de la absorción es diferente.
Una vez que nuestro organismo dispone de más aminoácidos de los que necesita para fabricar proteínas, estos pueden ser metabolizados.
El grupo amino se transforma en urea en el hígado y se elimina a través de la orina, mientras que la estructura carbonada puede seguir diferentes rutas metabólicas.
Por eso, absorber una proteína no significa necesariamente utilizar toda esa proteína para fabricar músculo.
Son procesos diferentes.
¿Todas las proteínas son iguales?
No.
Y aquí tenemos que introducir otro concepto fundamental: la calidad de la proteína.
Para valorar la calidad de una proteína no basta con saber cuántos gramos contiene.
También debemos saber:
Qué cantidad de aminoácidos esenciales aporta.
Qué parte de esa proteína podemos digerir.
Qué cantidad de esos aminoácidos podemos absorber y utilizar.
Actualmente, uno de los sistemas utilizados para valorar estos aspectos es el DIAAS, que tiene en cuenta la composición en aminoácidos esenciales y también la digestibilidad y biodisponibilidad de los aminoácidos.
Esto permite hacer una valoración más completa que simplemente mirar cuántos gramos de proteína aparecen en una etiqueta.
¿Qué alimentos tienen proteínas de mayor calidad?
Podemos encontrar proteínas de buena calidad tanto en alimentos de origen animal como vegetal.
Entre los ejemplos que se comentan en el episodio encontramos:
Leche.
Huevo.
Carne.
Pescado.
Soja.
Quinoa.
Trigo sarraceno.
Tofu.
Altramuz.
Guisante.
También encontramos proteínas aisladas con una elevada calidad proteica, como los aislados de suero, leche o soja.
Y esto es importante porque desmonta otra idea frecuente:
no es necesario consumir alimentos de origen animal para conseguir proteínas de buena calidad.
Existen fuentes vegetales con una buena composición de aminoácidos y, además, podemos combinar diferentes alimentos para mejorar el perfil global de aminoácidos de nuestra alimentación.
¿Qué es la complementariedad de las proteínas?
Las diferentes proteínas vegetales pueden presentar cantidades distintas de determinados aminoácidos.
Pero esto no significa que una alimentación vegetal no pueda aportar todos los aminoácidos esenciales.
Aquí entra en juego el concepto de complementariedad.
Si una proteína tiene una cantidad menor de un determinado aminoácido, podemos combinarla con otra proteína que aporte una cantidad mayor.
Por ejemplo, podemos combinar a lo largo del día diferentes alimentos como:
Cereales.
Legumbres.
Huevos.
Soja.
Guisantes.
Frutos secos y semillas.
No es necesario que cada comida sea matemáticamente perfecta.
Lo importante es la alimentación en su conjunto.
Por eso, cuando valoramos la calidad proteica, debemos mirar también el conjunto de alimentos que una persona consume durante el día.
¿Qué papel tiene la leucina en el músculo?
Entre los aminoácidos esenciales, la leucina tiene un papel especialmente relevante en el músculo.
Junto con la isoleucina y la valina, forma parte de los aminoácidos de cadena ramificada.
La leucina es especialmente importante porque participa en las señales relacionadas con la síntesis de proteínas musculares.
Pero esto no significa que podamos reducir la nutrición muscular a la leucina.
Para fabricar una proteína necesitamos todos los aminoácidos necesarios.
La leucina puede actuar como una señal importante, pero el organismo necesita disponer del resto de aminoácidos esenciales para completar la síntesis proteica.
Por eso, una proteína completa y de buena calidad tiene sentido dentro de una estrategia destinada a mantener la masa muscular.
¿Qué ocurre cuando estamos enfermos o inmovilizados?
Durante una enfermedad, un periodo de inmovilidad o un proceso inflamatorio importante, mantener la masa muscular puede resultar especialmente difícil.
El organismo puede aumentar la degradación de proteínas musculares y disminuir la capacidad de construir nuevas proteínas.
En estas situaciones, además de intentar mantener una ingesta suficiente de proteína y realizar ejercicio cuando sea posible, puede tener sentido recurrir a determinados complementos.
Uno de los que se destaca especialmente en el episodio es el HMB.
¿Qué es el HMB y para qué puede servir?
El HMB es un metabolito derivado de la leucina.
Se produce de manera natural en nuestro organismo, aunque en cantidades muy pequeñas.
Su principal interés en este contexto es que puede ayudar a reducir la degradación de proteínas musculares, un proceso conocido como proteólisis.
Esto puede resultar especialmente interesante en situaciones en las que el músculo está sometido a un mayor riesgo de pérdida, como:
Fragilidad.
Inmovilidad.
Enfermedad.
Procesos inflamatorios importantes.
Esto no significa que el HMB sustituya a la proteína o al ejercicio.
De hecho, el orden de prioridades debería seguir siendo:
proteína suficiente + ejercicio de fuerza + evitar la inmovilidad.
El HMB puede utilizarse como apoyo cuando estas herramientas no son suficientes o cuando existen situaciones concretas en las que mantener la masa muscular resulta especialmente difícil.
¿El colágeno puede sustituir a una proteína completa?
El colágeno es una proteína muy importante.
De hecho, es la proteína más abundante del organismo y tiene una estructura característica en triple hélice.
Es fundamental para tejidos como la piel, los tendones y los ligamentos.
Pero aquí tenemos que diferenciar dos conceptos.
Una cosa es que el colágeno sea una proteína importante para nuestro organismo y otra muy diferente es que sea una buena fuente de proteína dietética completa.
El colágeno tiene una composición de aminoácidos diferente y presenta cantidades muy bajas o ausencia de determinados aminoácidos esenciales, como el triptófano. Además, contiene poca leucina y metionina.
Por eso, el colágeno no debe utilizarse como sustituto de una proteína completa.
Podemos utilizar péptidos de colágeno por otros motivos, ya que existe evidencia sobre determinados parámetros relacionados con la piel, los tendones o los ligamentos.
Pero esto no significa que pueda sustituir a alimentos como el huevo, el pescado, la carne, la soja o una proteína aislada cuando nuestro objetivo es cubrir las necesidades generales de proteína.
Son objetivos diferentes.
Proteína y músculo: ¿qué deberíamos recordar?
Después de hablar de digestión, absorción, calidad proteica, edad, ejercicio, resistencia anabólica y metabolismo, podemos quedarnos con varias ideas.
Primero: la proteína no sirve únicamente para construir músculo.
Los aminoácidos que obtenemos a través de la alimentación se utilizan para fabricar proteínas estructurales, enzimas, hormonas y muchas otras moléculas necesarias para el funcionamiento del organismo.
Segundo: la cantidad importa, pero la calidad también.
No debemos fijarnos únicamente en cuántos gramos de proteína contiene un alimento. También tenemos que valorar sus aminoácidos esenciales, su digestibilidad y su biodisponibilidad.
Tercero: las necesidades de proteína no son iguales para todo el mundo.
La edad, el ejercicio, el estado de salud, la movilidad y el contexto metabólico pueden modificar nuestras necesidades.
Cuarto: el ejercicio de fuerza es fundamental.
No basta con comer proteína si queremos mantener nuestra masa muscular. El músculo necesita un estímulo adecuado para responder.
Quinto: con la edad puede aparecer resistencia anabólica.
Por eso, mantener una buena ingesta de proteína y realizar ejercicio de fuerza se vuelve todavía más importante a medida que envejecemos.
Y, por último, el colágeno no sustituye a una proteína completa.
Puede tener interés para determinados tejidos y objetivos concretos, pero no debemos confundir sus propiedades específicas con su capacidad para cubrir las necesidades generales de proteína.
Porque, al final, cuando hablamos de nutrición y de salud muscular, no existe una única variable que explique todo.
La cantidad de proteína importa. La calidad importa. El ejercicio importa. La edad importa. El estado metabólico importa. El descanso y el estilo de vida también.
La salud, una vez más, no funciona por piezas aisladas.
Transformar tu salud es cuestión de aplicar ciencia con constancia, día a día.
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EP 138. Menopausia: Síntomas, hormonas y tratamiento.
Menopausia y perimenopausia: qué ocurre, síntomas y cuándo está indicada la terapia hormonal
Hola, soy la Dra. Isabel Viña Bas, médica y Directora Científica de IVB Wellness Lab.
La perimenopausia y la menopausia son dos de las etapas que más dudas generan. ¿Cuándo empieza realmente la menopausia? ¿Por qué aparecen los sofocos, la niebla mental, los cambios de humor o el insomnio? ¿Qué podemos hacer para acompañar estos cambios? ¿Cuándo tiene sentido recurrir a la terapia hormonal y cuándo pueden ayudarnos otras herramientas?
Lo primero que quiero dejar claro es que la menopausia no es una enfermedad. Es un proceso fisiológico en el que los ovarios van agotando progresivamente su función y el organismo tiene que adaptarse a un nuevo entorno hormonal.
Pero que sea un proceso fisiológico no significa que todas las mujeres lo vivan igual.
Hay mujeres que apenas presentan síntomas y otras que experimentan cambios que afectan de forma importante a su calidad de vida. Por eso, entender qué está pasando dentro de nuestro cuerpo es el primer paso para decidir cómo acompañarlo.
¿Qué es la menopausia y qué diferencia hay con la perimenopausia?
La menopausia se define como el momento en el que ha transcurrido un año completo sin menstruación.
La perimenopausia, en cambio, es la etapa de transición que rodea a la menopausia. Puede comenzar varios años antes de la última menstruación y prolongarse durante un tiempo después.
Durante esta etapa se producen importantes cambios hormonales. Los ovarios van agotando progresivamente su actividad y los estrógenos comienzan a disminuir.
Por eso me gusta explicarlo como una especie de adolescencia tardía: nuestro organismo está adaptándose a un nuevo estado hormonal.
Y, igual que no existen dos adolescencias iguales, tampoco existen dos transiciones a la menopausia iguales.
Hay mujeres que presentan sofocos, irritabilidad, niebla mental, alteraciones del sueño, sequedad vaginal o cambios en la composición corporal. Y otras que viven esta etapa con muy pocos síntomas.
Ambas situaciones son normales.
¿A qué edad llega la menopausia?
La menopausia fisiológica suele producirse entre los 45 y los 55 años, con una edad media aproximada de 51 años.
Cuando aparece entre los 40 y los 44 años, hablamos de menopausia precoz.
Por debajo de los 40 años se habla de insuficiencia ovárica primaria.
Estas situaciones requieren un abordaje diferente al de la menopausia fisiológica.
Si una mujer tiene menos de 45 años y deja de menstruar durante varios meses, no debemos asumir automáticamente que se encuentra en menopausia. Existen otras causas que pueden alterar el ciclo menstrual y que son potencialmente reversibles.
Por eso, en estos casos puede ser necesario valorar parámetros como:
Prolactina, ya que una elevación puede suprimir la menstruación.
TSH, porque las alteraciones de la función tiroidea también pueden modificar el ciclo.
FSH y estradiol, para valorar el eje hormonal.
Hormona antimülleriana, para valorar la reserva ovárica.
Si finalmente se confirma una menopausia precoz o una insuficiencia ovárica primaria, puede estar indicada una terapia hormonal sustitutiva hasta alcanzar la edad habitual de la menopausia, siempre que no existan contraindicaciones.
En estos casos no hablamos únicamente de tratar síntomas: estamos sustituyendo unas hormonas que deberían estar presentes de manera natural en esa etapa de la vida.
¿Por qué aparecen tantos síntomas durante la perimenopausia?
La menopausia no ocurre de un día para otro.
Durante la perimenopausia, los ovarios van agotando su actividad y los niveles de estrógenos pueden fluctuar mucho.
Me gusta explicarlo con un ejemplo muy sencillo: imagina que tienes un bote de ketchup al que le queda muy poco. Lo agitas y no sale nada. Lo vuelves a agitar y, de repente, sale una gran cantidad.
Con los ovarios puede suceder algo parecido.
Hay ciclos en los que todavía existe una producción importante de estrógenos y pueden aparecer síntomas como:
Retención de líquidos.
Reglas muy abundantes o prolongadas.
Síntomas premenstruales más intensos.
Irritabilidad.
Cambios de humor.
Y, a medida que se aproxima la menopausia y predomina el descenso de estrógenos, aparecen otros síntomas más característicos:
Sofocos.
Sudoración nocturna.
Alteraciones del sueño.
Niebla mental.
Cambios en el estado de ánimo.
Sequedad de la piel.
Picor.
Sequedad vaginal.
Infecciones urinarias recurrentes.
Esto explica por qué la perimenopausia puede resultar tan desconcertante: un mes puedes encontrarte de una manera y al siguiente experimentar síntomas completamente diferentes.
Los estrógenos no solo intervienen en la fertilidad
Una de las ideas fundamentales para comprender la menopausia es que los estrógenos son hormonas sistémicas.
No actúan únicamente sobre el aparato reproductor.
Tienen receptores en diferentes tejidos y participan en funciones relacionadas con el cerebro, el metabolismo, los vasos sanguíneos, la piel, las mucosas y los huesos.
Por eso, cuando los niveles de estrógenos disminuyen, los cambios pueden aparecer en diferentes partes del organismo.
Y esto explica por qué la menopausia puede manifestarse de tantas maneras diferentes.
¿Por qué aparecen la niebla mental y los cambios de ánimo?
Los estrógenos tienen una función importante en el cerebro.
Favorecen la síntesis y la acción de la serotonina, relacionada con el bienestar, y también intervienen en la dopamina, relacionada con la motivación y la sensación de recompensa.
Además, los estrógenos participan en la conexión entre las neuronas y favorecen la producción del factor neurotrófico cerebral, relacionado con el mantenimiento y desarrollo de las conexiones neuronales.
Cuando los estrógenos disminuyen, especialmente durante los primeros años, el cerebro tiene que adaptarse a ese nuevo entorno hormonal.
Por eso pueden aparecer:
Niebla mental.
Dificultad para concentrarse.
Alteraciones de la memoria.
Cambios de humor.
Tristeza.
Falta de motivación.
Esta situación no tiene por qué mantenerse indefinidamente. El cerebro es capaz de adaptarse al nuevo entorno hormonal, y por eso estos síntomas pueden ser especialmente marcados durante los primeros años.
¿Por qué el ejercicio es tan importante durante la menopausia?
Aquí encontramos una de las herramientas más importantes para acompañar esta etapa: el ejercicio físico y, especialmente, el músculo.
El ejercicio puede favorecer de manera independiente la producción de serotonina, dopamina y factor neurotrófico cerebral.
Además, el músculo es capaz de producir moléculas que tienen efectos sobre el cerebro.
Por eso, mantener una buena masa muscular no es únicamente una cuestión estética.
Durante la menopausia, el entrenamiento de fuerza puede convertirse en una herramienta para acompañar:
La función cognitiva.
El estado de ánimo.
El metabolismo.
La composición corporal.
El mantenimiento de la masa muscular.
Y cuanto antes empecemos a cuidar el músculo, mejor.
No deberíamos esperar a llegar a la menopausia para empezar a trabajar en él.
¿Por qué aparecen los sofocos?
Los sofocos son uno de los síntomas más conocidos de la menopausia y también tienen una explicación hormonal.
Los estrógenos intervienen en los mecanismos cerebrales que regulan la temperatura corporal.
Cuando disminuyen, especialmente durante los primeros años, se altera este sistema de termorregulación.
El resultado es que una temperatura que para otra persona puede ser completamente normal puede provocar en nosotras una sensación repentina de calor.
Aparece entonces el sofoco, que puede acompañarse de sudoración y ser especialmente molesto durante la noche.
El alcohol puede actuar además como uno de los factores que desencadenan o empeoran los sofocos, por lo que reducir su consumo puede formar parte de las medidas de estilo de vida que se pueden valorar.
¿Qué complementos pueden ayudar durante la menopausia?
Dependiendo de los síntomas, existen diferentes complementos que pueden utilizarse como apoyo.
Las isoflavonas de soja son uno de los complementos con mayor evidencia dentro del abordaje nutracéutico de la menopausia.
También pueden utilizarse, dependiendo del objetivo:
Salvia, especialmente en relación con los sofocos.
Valeriana, especialmente cuando existen alteraciones del sueño.
Extracto de azafrán, para determinados síntomas relacionados con el estado de ánimo y el apetito.
Bacopa monnieri, en el contexto de memoria y función cognitiva.
Omega-3 rico en DHA, por su interés en la función cerebral.
Zinc.
L-teanina.
La elección debe depender de los síntomas que presente cada mujer. No se trata de tomar todos los complementos disponibles, sino de identificar qué necesidades existen y elegir las herramientas que tengan sentido.
¿Las isoflavonas de soja son seguras durante la menopausia?
Este es un punto que genera muchas dudas.
Las isoflavonas de soja son fitoestrógenos, pero no son estrógenos humanos.
Su acción depende de los receptores estrogénicos a los que se unen y, por tanto, no reproducen exactamente el comportamiento de nuestros estrógenos en todos los tejidos.
En el episodio se destaca precisamente su interés en el abordaje nutracéutico de la menopausia y su perfil de seguridad.
Además, se señala que la soja puede actuar sobre diferentes tejidos relacionados con los síntomas de la menopausia, como los vasos sanguíneos, el cerebro o las mucosas.
Por eso, las isoflavonas de soja pueden ser una de las opciones a valorar cuando una mujer quiere acompañar determinados síntomas mediante suplementación.
¿Por qué cambia la composición corporal durante la menopausia?
Otro de los cambios que más preocupan durante esta etapa es la modificación de la composición corporal, especialmente la tendencia a acumular grasa en la zona abdominal.
Los estrógenos participan en la regulación del metabolismo y de la sensibilidad a la insulina.
Cuando disminuyen, cambia el entorno hormonal y metabólico.
Además, durante esta etapa también pueden aparecer cambios en el apetito y alteraciones del sueño.
Todo ello puede contribuir a que resulte más fácil acumular grasa y más difícil mantener la composición corporal que teníamos anteriormente.
Por eso, el abordaje no debería centrarse únicamente en comer menos.
Tenemos que cuidar especialmente:
El ejercicio de fuerza.
La ingesta adecuada de proteína.
La actividad física.
La calidad de la alimentación.
El descanso.
¿Cómo podemos proteger la masa muscular durante la menopausia?
El músculo es uno de los grandes protagonistas de esta etapa.
Mantener una buena masa muscular ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina y favorece una composición corporal saludable.
La herramienta fundamental es el entrenamiento de fuerza.
Pero el músculo necesita también los nutrientes necesarios para mantenerse.
Por eso debemos asegurar un aporte adecuado de proteína y, en determinadas situaciones, podemos utilizar complementos como:
Creatina.
HMB.
Vitamina D.
Taurina.
No se trata de sustituir el entrenamiento por suplementos.
El estímulo principal sigue siendo el ejercicio de fuerza. La suplementación puede utilizarse como apoyo cuando tiene sentido dentro de una estrategia individualizada.
¿Por qué aparece la sequedad vaginal durante la menopausia?
Los estrógenos también tienen un papel fundamental en el tejido vaginal y urinario.
Participan en el mantenimiento de la mucosa y favorecen un entorno adecuado para los microorganismos que forman parte de la flora vaginal.
Cuando disminuyen, pueden aparecer:
Sequedad vaginal.
Picor.
Irritación.
Dolor durante las relaciones.
Infecciones urinarias recurrentes.
Alteraciones urinarias.
Es lo que conocemos como síndrome genitourinario de la menopausia.
Para estos síntomas existen diferentes opciones, desde hidratantes vaginales no hormonales hasta tratamientos locales con estrógenos.
Si una mujer tiene antecedentes que hagan necesario extremar las precauciones con tratamientos hormonales, las opciones no hormonales pueden ser especialmente interesantes.
¿Cuándo está indicada la terapia hormonal de la menopausia?
La terapia hormonal puede ser una herramienta muy eficaz, pero no está indicada para todas las mujeres ni debe utilizarse como tratamiento preventivo en mujeres que no presentan síntomas.
En el episodio se identifican cuatro grandes situaciones en las que puede estar indicada:
1. Síntomas vasomotores
Principalmente sofocos que afectan a la calidad de vida.
2. Prevención de fracturas
Puede utilizarse para la prevención de osteoporosis en mujeres con un riesgo moderado o alto de fractura.
Es importante diferenciar prevención de tratamiento: la terapia hormonal no es el tratamiento de una osteoporosis ya establecida.
3. Síndrome genitourinario
En mujeres con síntomas como picor, dolor durante las relaciones o infecciones urinarias recurrentes que no han mejorado adecuadamente con tratamiento estrogénico local, puede valorarse la terapia hormonal.
La incontinencia urinaria es una excepción importante, ya que la terapia hormonal puede empeorarla.
4. Menopausia precoz o insuficiencia ovárica primaria
En estos casos la terapia hormonal tiene un objetivo diferente: sustituir las hormonas que deberían estar presentes hasta alcanzar la edad habitual de la menopausia.
¿Hay que tomar terapia hormonal durante toda la vida?
No necesariamente.
Hay mujeres que la utilizan durante unos años y posteriormente reducen progresivamente la dosis. Otras necesitan mantenerla durante más tiempo y otras deciden suspenderla antes.
Lo importante es entender que no existe una duración idéntica para todas las mujeres.
Muchas veces se comienza durante los primeros años, cuando los síntomas son más intensos, y posteriormente se revisa la situación.
Si los síntomas han mejorado, puede plantearse una reducción progresiva.
Y si una mujer decide cambiar de estrategia, utilizar complementos o suspender la terapia, esto no significa que haya fracasado.
La estrategia puede cambiar a medida que cambian las necesidades.
¿Puede utilizarse terapia hormonal durante la perimenopausia?
Existe una situación concreta en la que puede valorarse durante la transición: la depresión asociada a la perimenopausia.
Durante los primeros años de esta transición se produce un cambio hormonal importante y los estrógenos influyen sobre la serotonina, la dopamina y el factor neurotrófico cerebral.
En algunas mujeres puede aparecer un cuadro depresivo relacionado específicamente con esta transición.
Pero es importante hacer una distinción: no estamos hablando de cualquier depresión.
Se trata de una situación concreta relacionada con la transición hormonal y debe ser valorada de forma individual.
¿Y qué ocurre con la pérdida de libido?
La disminución del deseo sexual también puede aparecer durante la menopausia.
Los estrógenos tienen receptores en diferentes zonas del cerebro relacionadas con la motivación y la excitación, por lo que su descenso puede contribuir a una disminución del deseo.
En determinados casos, la testosterona puede utilizarse para el trastorno del deseo sexual hipoactivo asociado a la menopausia.
Pero hay algo que no debemos olvidar.
Si una mujer tiene sofocos, no duerme bien, presenta sequedad vaginal, dolor durante las relaciones y cambios en el estado de ánimo, es lógico que su deseo sexual también disminuya.
Por eso, tratar únicamente la libido no siempre es suficiente.
Hay que abordar el conjunto de factores que están afectando al bienestar de esa mujer.
¿Cuándo está contraindicada la terapia hormonal?
Antes de iniciar una terapia hormonal es fundamental valorar los antecedentes personales.
Entre las situaciones que contraindican la terapia hormonal se encuentran:
Sangrado vaginal inexplicado.
Cáncer de mama activo.
Determinados cánceres ginecológicos hormonodependientes.
Cáncer de endometrio de riesgo medio o alto.
Antecedentes personales de tromboembolismo pulmonar.
Antecedentes de ictus.
Antecedentes de infarto agudo de miocardio.
Además, existen situaciones en las que el problema se encuentra específicamente en el uso de estrógenos por vía oral, como determinados trastornos de la coagulación, factor V de Leiden, algunos antecedentes de migraña o cálculos biliares.
En estos casos puede ser preferible, cuando la terapia está indicada, utilizar una vía transdérmica.
Por eso, antes de decidir qué tratamiento utilizar, la primera pregunta siempre debería ser:
¿Soy candidata a la terapia hormonal?
¿Qué hay que valorar antes de iniciar una terapia hormonal?
Cuando una mujer es candidata, todavía hay que valorar varios aspectos.
En el episodio se plantea revisar:
Riesgo cardiovascular.
Estado de las arterias carótidas.
Riesgo individual de cáncer de mama.
Mamografía al día.
Densidad mineral ósea.
Y existe una pregunta fundamental:
¿Tienes útero?
Porque esto condiciona el tratamiento.
Si una mujer tiene útero, los estrógenos deben acompañarse de progesterona, ya que los estrógenos estimulan el crecimiento del endometrio.
La progesterona actúa como protección frente a ese crecimiento.
Si no existe útero, no es necesario utilizar progesterona únicamente con este objetivo.
¿Qué opciones existen dentro de la terapia hormonal?
Los estrógenos pueden administrarse mediante diferentes vías:
Parches transdérmicos.
Vía oral.
Pulverización transdérmica.
En general, la vía transdérmica permite evitar el metabolismo hepático de primer paso de los estrógenos orales y puede ser especialmente interesante cuando existen determinados factores de riesgo.
La progesterona puede administrarse por vía oral o vaginal.
También existen otras opciones terapéuticas, como la tibolona, que tiene actividad estrogénica, progestagénica y androgénica, y puede tener efectos sobre los sofocos, el sueño, el estado de ánimo, la libido y el hueso.
Otra alternativa es la combinación de estrógenos conjugados con bazedoxifeno, que permite proteger el endometrio sin utilizar progesterona.
La elección depende siempre de las características de cada mujer, sus antecedentes, sus síntomas y sus preferencias.
¿Podemos combinar terapia hormonal y complementos?
Sí.
Los complementos y la terapia hormonal no tienen por qué ser excluyentes.
Una mujer puede utilizar terapia hormonal y determinados complementos si tiene sentido para sus necesidades.
Otra puede no querer utilizar terapia hormonal y optar por estrategias nutricionales y de estilo de vida.
Otra puede utilizar complementos durante una etapa y posteriormente valorar una terapia hormonal.
Y otra puede reducir o suspender la terapia hormonal cuando sus síntomas hayan mejorado.
No existe una única estrategia correcta para todas.
Lo importante es conseguir el máximo beneficio posible con el menor riesgo y utilizando las herramientas que realmente necesita cada mujer.
Menopausia: entender el cambio para poder acompañarlo
La menopausia no es simplemente el momento en el que desaparece la menstruación.
Es una transición hormonal que puede afectar a diferentes sistemas del organismo y que cada mujer experimenta de una manera diferente.
Los sofocos, los cambios de humor, la niebla mental, las alteraciones del sueño, los cambios en la composición corporal o la sequedad vaginal tienen una explicación relacionada con el nuevo entorno hormonal.
Y precisamente por eso, el abordaje tampoco tiene por qué ser siempre el mismo.
La terapia hormonal puede ser una herramienta muy eficaz cuando está indicada. Los complementos pueden ayudar en determinados síntomas. Y el ejercicio de fuerza, la proteína, el descanso y una alimentación adecuada deberían formar parte de la estrategia de salud independientemente de que utilicemos o no terapia hormonal.
Porque no se trata de luchar contra la menopausia.
Se trata de entender qué está pasando y elegir, con criterio, las herramientas que mejor se adapten a cada etapa y a cada mujer.
Transformar tu salud es cuestión de aplicar ciencia con constancia, día a día.
Ojala os guste :)Para mas información ya sabéis que me tenéis en mi instagram @isabelvina dónde te comparto contenido diarioMi TikTok @isabelvinabasEn mi canal de YouTube
Y los suplementos formulados por mi https://ivbwellness.com
EP 137: Colesterolo alto anche se mangi bene: perché
Colesterolo alto: come interpretare le analisi e proteggere la tua salute cardiovascolare
Ciao, sono la Dott.ssa Isabel Viña Bas, medico e Direttrice Scientifica di IVB Wellness Lab.Il colesterolo spesso appare nelle analisi accompagnato da un'etichetta troppo semplice: buono o cattivo. Se l'HDL è alto, sembra che tutto vada bene; se l'LDL sale, sembra che l'unica spiegazione sia ciò che abbiamo mangiato. Ma la salute cardiovascolare non si può riassumere in due aggettivi.
Il colesterolo è una molecola indispensabile. Fa parte delle membrane delle tue cellule e permette di produrre ormoni steroidei, vitamina D e acidi biliari. Il problema non è la sua esistenza, ma come circola nel sangue, in che quantità lo fa e quali altri fattori di rischio lo accompagnano.
Per questo, per interpretare un'analisi non basta guardare il colesterolo totale. Dobbiamo capire l'insieme: LDL, HDL, colesterolo non-HDL, trigliceridi e, almeno una volta nella vita, lipoproteina(a). Bisogna anche contestualizzare questi dati insieme alla pressione arteriosa, al glucosio, al fumo, alla composizione corporea, ai precedenti familiari e alla storia clinica. Uno stesso valore di LDL non significa la stessa cosa per due persone con rischi diversi.
Cos'è il colesterolo e perché il tuo corpo ne ha bisogno?
Poiché il colesterolo non si scioglie in acqua, non può viaggiare da solo nel sangue. Per spostarsi ha bisogno di particelle che lo trasportino: le lipoproteine. Tra queste ci sono le LDL, le HDL e le VLDL. Quando parliamo di colesterolo LDL o HDL, in realtà stiamo parlando del colesterolo che viaggia all'interno di quelle particelle.
Le LDL trasportano il colesterolo dal fegato verso i tessuti. Quando ci sono troppe particelle aterogene in circolo, possono attraversare la parete delle arterie e favorire la formazione di placca. Le HDL partecipano al trasporto inverso: raccolgono parte del colesterolo dai tessuti e lo riportano al fegato affinché possa essere riutilizzato o eliminato.
Questa spiegazione aiuta a capire perché chiamiamo l'LDL colesterolo "cattivo" e l'HDL colesterolo "buono", ma queste etichette hanno dei limiti. Un HDL alto non neutralizza automaticamente un LDL elevato né cancella altri fattori di rischio. L'analisi va interpretata come un sistema, non come una competizione tra due numeri.
Quali valori di colesterolo richiedere nelle tue analisi
Un'analisi di base dovrebbe includere colesterolo totale, HDL e trigliceridi. A partire da questi dati, il laboratorio può riportare o calcolare l'LDL e il colesterolo non-HDL. Ogni marcatore risponde a una domanda diversa.
Colesterolo totale. È la somma del colesterolo trasportato da diverse lipoproteine. Serve come punto di partenza, ma da solo fornisce poche informazioni sul rischio reale.
Colesterolo LDL. È uno dei principali obiettivi del trattamento perché riflette il colesterolo trasportato da particelle capaci di contribuire all'aterosclerosi. Maggiore è il rischio cardiovascolare di una persona, più basso deve essere l'obiettivo di LDL.
Colesterolo HDL. Ci parla del colesterolo trasportato dalle HDL. Un valore basso è solitamente associato a un ambiente metabolico meno favorevole, ma cercare di alzarlo in modo isolato non è l'obiettivo principale. L'importante è migliorare il rischio globale.
Trigliceridi. Sono un altro modo per trasportare e immagazzinare energia. Possono aumentare con la resistenza all'insulina, l'eccesso di alcol, determinate alterazioni tiroidee, alcuni farmaci o un eccesso energetico prolungato. Quando raggiungono cifre molto elevate, aumenta anche il rischio di pancreatite.
Colesterolo non-HDL. Si calcola sottraendo l'HDL al colesterolo totale. Riunisce il colesterolo di tutte le particelle potenzialmente aterogene e risulta particolarmente utile quando i trigliceridi sono elevati.
Lipoproteina(a). È determinata dalla genetica in gran parte, e può elevare il rischio cardiovascolare anche se il resto dell'analisi sembra corretto. Per questo si raccomanda di misurarla almeno una volta in età adulta; se è elevata, il professionista può aggiustare la valutazione e il monitoraggio.
Colesterolo LDL alto: perché non esiste un livello ottimale unico
Io posso darti diversi intervalli orientativi, ma c'è un'idea che deve restare al di sopra di qualsiasi cifra: gli obiettivi di LDL dipendono dal rischio cardiovascolare individuale. Non ha bisogno dello stesso obiettivo una persona giovane, senza altri fattori di rischio, rispetto a qualcuno che ha già subito un infarto, ha il diabete, malattie renali o aterosclerosi documentata.
Nelle persone a rischio basso o moderato, il professionista può proporre obiettivi meno esigenti. In chi presenta un rischio alto o molto alto, le linee guida raccomandano riduzioni più intense e obiettivi molto più bassi. Per questo, non conviene interpretare un risultato in modo isolato, e nemmeno modificare un trattamento solo perché un numero si allontana da un intervallo generico.
Lo stesso accade con i trigliceridi: solitamente sono considerati desiderabili al di sotto di 150 mg/dL, ma il contesto conta. Una cifra elevata obbliga a valutare alimentazione, alcol, glucosio, tiroide, farmaci e precedenti. L'analisi non fornisce una diagnosi definitiva; apre una conversazione clinica.
HDL basso: perché può succedere anche se mangi bene
L'alimentazione influenza il profilo lipidico di una persona, ma non controlla da sola l'HDL. Un valore basso può apparire associato, per esempio, al fumo, al diabete, alla resistenza all'insulina, all'eccesso di grasso corporeo, alla sedentarietà o a determinati farmaci. Può anche succedere che la persona in questione abbia una predisposizione genetica.
Qui c'è un errore frequente: confondere il peso normale con una buona salute metabolica. Una persona può avere un indice di massa corporea all'interno dell'intervallo abituale e, tuttavia, presentare poca massa muscolare e una proporzione elevata di grasso. La bilancia non distingue tra muscolo e tessuto adiposo, ma il tuo metabolismo sì.
Se l'HDL è basso, l'obiettivo non dovrebbe essere cercare un alimento o un integratore che lo alzi in modo artificiale. Ha più senso agire su ciò che riduce il rischio cardiovascolare davvero: smettere di fumare, migliorare la sensibilità all'insulina, aumentare il movimento quotidiano e allenare la forza per conservare o guadagnare muscolo.
Il muscolo capta glucosio, risponde all'insulina e aiuta a gestire meglio l'energia. Non è un tessuto legato solo alla performance o all'estetica. Costruire muscolo è anche una strategia di salute metabolica e cardiovascolare.
Il colesterolo alto deriva dalla genetica o dalla dieta?
La maggior parte del colesterolo che utilizza l'organismo viene prodotto all'interno del corpo stesso, soprattutto nel fegato. Ciò non significa che il colesterolo alto sia sempre genetico né che l'alimentazione non importi. Significa che la relazione tra ciò che mangi e ciò che appare nelle analisi è più complessa che sommare i milligrammi di colesterolo di ogni alimento.
Ci sono alterazioni ereditarie, come l'ipercolesterolemia familiare, che possono provocare cifre di LDL molto elevate fin dall'età giovanile. Se ci sono precedenti di infarto o ictus prematuro in famiglia, o un LDL particolarmente alto, è importante consultare un medico per escludere una causa genetica. In questi casi, mangiare bene è necessario, ma potrebbe non essere sufficiente.
In molte altre persone, il fegato aumenta la produzione di particelle ricche di trigliceridi e colesterolo in un contesto di resistenza all'insulina, eccesso di grasso viscerale, sedentarietà o bilancio energetico mantenuto al di sopra delle necessità. L'alimentazione partecipa a questo ambiente, anche se non è l'unico fattore.
Per questo, dire "il mio colesterolo è genetico" o "tutto dipende dalle uova" potrebbe chiudere troppo presto l'indagine. Quindi conviene rivedere il quadro completo: precedenti, composizione corporea, attività fisica, grassi della dieta, fibre, alcol, glucosio, funzione tiroidea e farmaci.
Uova, grassi saturi e colesterolo alto: cosa influenza davvero
Il colesterolo degli alimenti non colpisce tutti allo stesso modo e, in molte persone, ha meno impatto sull'LDL rispetto alla qualità globale della dieta. Le uova, per esempio, apportano colesterolo, ma anche proteine, colina e altri micronutrienti. Non devono diventare né un alimento proibito né un alimento illimitato.
La risposta dipende dalla persona, dal suo rischio cardiovascolare e dal resto di ciò che mangia. Un uovo all'interno di un modello ricco di verdure, legumi, frutta a guscio, olio d'oliva e fibre non ha lo stesso contesto di una dieta basata su ultra-processati, carni grasse e poca varietà vegetale.
I grassi saturi possono effettivamente alzare l'LDL, specialmente quando sostituiscono i grassi insaturi. Si trovano in proporzioni diverse in carni grasse, insaccati, burro, alcuni prodotti da forno e oli come quello di palma o di cocco. Non si tratta di eliminare tutti i grassi: si tratta di sostituire parte dei grassi saturi con olio d'oliva, avocado, frutta a guscio, semi e altre fonti di grassi insaturi.
Conta anche la fibra solubile presente in avena, legumi, frutta, verdura e semi. Questa aiuta a ridurre il riassorbimento intestinale di acidi biliari e può contribuire a migliorare il profilo lipidico. L'effetto non è in un alimento miracoloso, ma nella ripetizione quotidiana di un modello.
Come abbassare il colesterolo e i trigliceridi alti
Quando un'analisi è alterata, cerchiamo una soluzione rapida. Ma prima di parlare di integratori conviene ricostruire la base. La strategia più efficace è quella che agisce contemporaneamente sulle particelle aterogene, sulla sensibilità all'insulina, sulla pressione arteriosa e sulla composizione corporea.
Sostituisci, non limitarti a eliminare. Se riduci i grassi saturi, ti raccomando di sostituirli con grassi insaturi. Eliminare alimenti senza decidere cosa prenderà il loro posto solitamente rende il cambiamento poco duraturo.
Aumenta la fibra in modo progressivo. Verdure, legumi, frutta, avena, frutta a guscio e semi aiutano a migliorare la qualità globale della dieta. Se attualmente assumi poche fibre, aumenta la quantità poco a poco e accompagnala con acqua.
Allena la forza e muoviti ogni giorno. L'esercizio migliora la sensibilità all'insulina, aiuta a ridurre i trigliceridi e protegge la massa muscolare. Camminare è prezioso, ma combinare l'attività quotidiana con l'allenamento della forza offre uno stimolo metabolico più completo.
Controlla l'alcol. Può alzare i trigliceridi, specialmente in persone sensibili o quando il consumo è frequente. Non hai bisogno di bere alcol per proteggere il cuore.
Cura il riposo e il bilancio energetico. Dormire poco e mantenere un eccesso energetico favorisce un ambiente metabolico meno sano. L'obiettivo non è vivere a dieta, ma recuperare segnali, orari e abitudini che possano essere mantenuti.
Dopo un periodo concordato con il professionista, si ripetono le analisi. Se il rischio è alto o le cifre sono molto elevate, non si deve ritardare un trattamento efficace per "provare prima" rimedi naturali. Il tempo per intervenire dipende anche dal rischio.
Statine per il colesterolo alto e coenzima Q10: che relazione esiste
Le statine riducono la sintesi di colesterolo inibendo l'enzima HMG-CoA reduttasi. Quella stessa via metabolica partecipa anche alla produzione di coenzima Q10, una molecola coinvolta nell'ottenimento di energia all'interno dei mitocondri. Per questo motivo è stato studiato se la riduzione di CoQ10 possa contribuire ai sintomi muscolari che alcune persone sperimentano con le statine.
La relazione biologica esiste, ma l'integrazione con coenzima Q10 non è raccomandata automaticamente per tutte le persone che assumono statine. Gli studi sulla sua capacità di prevenire o alleviare il dolore muscolare hanno offerto risultati variabili.
Se compaiono dolori muscolari, stanchezza insolita o debolezza dopo aver iniziato o cambiato la dose, non abbandonare la terapia di tua iniziativa. Il professionista può rivedere la causa, verificare interazioni, valutare altre malattie, aggiustare la dose o cambiare statina. In determinati casi può anche proporre una prova con CoQ10, individualizzando la dose e il monitoraggio.
Una statina ben prescritta riduce il rischio di infarto e ictus. L'obiettivo non è scegliere tra farmaci o autocura, ma usare ogni strumento quando apporta più benefici che rischi.
Lievito di riso rosso, berberina e altri integratori: naturale non significa innocuo
Nelle fasi iniziali e sempre all'interno di una valutazione professionale, alcuni integratori possono essere studiati come supporto. Ma non devono essere presentati come sostituti universali delle statine né combinati senza verificarne le interazioni.
Il lievito di riso rosso può contenere monacolina K, una sostanza con un'azione farmacologica simile alla lovastatina. Proprio per questo può produrre effetti avversi e interazioni simili. Non deve essere combinato con le statine e richiede particolare cautela in gravidanza, allattamento, malattie epatiche o quando si assumono altri farmaci. La quantità di monacoline può variare tra i prodotti, quindi la qualità e il controllo sono essenziali.
La berberina è stata studiata per il suo possibile effetto sul glucosio e su determinati parametri lipidici. Tuttavia, può interagire con i farmaci, potrebbe non essere adatta a tutti e non sostituisce il trattamento indicato per una persona ad alto rischio. Lo stesso vale per la curcuma, il resveratrolo, i probiotici o gli integratori con omega-3: ogni opzione risponde a un obiettivo diverso e necessita di contesto.
Gli omega-3, per esempio, possono aiutare a ridurre i trigliceridi a dosi terapeutiche, ma non sono uno strumento per abbassare l'LDL in generale. Alcuni preparati possono persino alzarlo leggermente. Prima di scegliere un integratore bisogna definire quale marcatore modificare, perché è alterato e quale evidenza supporta tale decisione.
Colesterolo alto in gravidanza e allattamento: quando è fisiologico e quando consultare un medico
Durante la gravidanza aumentano naturalmente il colesterolo e i trigliceridi. L'organismo ha bisogno di lipidi per formare ormoni, membrane cellulari e strutture del bambino, e nel terzo trimestre si produce una resistenza all'insulina fisiologica che facilita la disponibilità di nutrienti per la crescita fetale.
Per questo, un'analisi dei lipidi durante la gravidanza non si interpreta con gli stessi criteri di quando non si è incinte. Che i valori aumentino può essere normale, ma non significa che qualsiasi cifra debba essere ignorata. Trigliceridi estremamente elevati possono richiedere un monitoraggio specializzato per il rischio di pancreatite, e le donne con ipercolesterolemia familiare o malattie cardiovascolari necessitano di un piano individuale.
Non conviene nemmeno raggruppare gravidanza e allattamento come se fossero esattamente la stessa fase. Dopo il parto, il profilo lipidico solitamente evolve e le decisioni dipendono dal rischio materno, dal tipo di allattamento e dal trattamento considerato. Molti farmaci e integratori non sono adatti durante queste fasi.
Se sei incinta, cerchi una gravidanza o allatti, non iniziare statine, lievito di riso rosso, berberina o altri integratori per il colesterolo senza una valutazione medica. In queste fasi, proteggere la salute della madre e del bambino richiede di individualizzare di più, non di agire meno.
Come interpretare le tue prossime analisi senza fermarti a un solo numero
Quando ricevi i risultati, inizia a mettere insieme i pezzi. Guarda LDL, HDL, trigliceridi e colesterolo non-HDL. Verifica se ti hanno mai misurato la lipoproteina(a). Aggiungi la pressione arteriosa, il glucosio o l'emoglobina glicata, il fumo, l'attività fisica, la composizione corporea e i precedenti familiari.
Dopo, chiedi qual è il tuo livello di rischio e quale obiettivo si applica al tuo caso. Non limitarti a sapere se il laboratorio ha segnato l'LDL con un asterisco. L'intervallo di riferimento descrive una popolazione; l'obiettivo terapeutico si decide per una persona.
Se il risultato è alterato, cerca la causa prima di accumulare soluzioni. Rivedi il modello alimentare, l'alcol, il movimento, la forza, il riposo, la tiroide e i farmaci che assumi. E se le cifre sono molto alte o esistono precedenti cardiovascolari, agisci con rapidità insieme a un professionista.
Il colesterolo non è un nemico che dobbiamo eliminare. È una molecola essenziale che deve circolare in equilibrio. La chiave sta nel ridurre l'esposizione a particelle aterogene, curare l'ambiente metabolico e prendere decisioni proporzionate al tuo rischio.
Trasformare la tua salute è questione di applicare la scienza con costanza, giorno dopo giorno. Hai tra le mani la conoscenza per capire meglio le tue analisi, fare domande più precise e convertire ogni risultato in una decisione informata.
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EP 136: Quali vitamine e minerali possono mancare quando si assumono determinati farmaci
Nella pratica medica, la prescrizione di un farmaco si basa sempre sul principio del bilancio rischio-beneficio: i farmaci ci offrono un beneficio indispensabile per trattare patologie o prevenire complicazioni, ma non sono esenti da costi metabolici. In questo episodio affrontiamo in modo chiaro e divulgativo la deplezione indotta da farmaci, un fenomeno silenzioso per cui determinati trattamenti di uso molto comune possono ostacolare l'assorbimento, aumentare l'eliminazione o alterare l'attivazione di vitamine e minerali essenziali. Comprendere questa connessione ci permette di capire perché, dopo aver iniziato un trattamento, possono comparire sintomi come affaticamento, mialgie, insonnia, nebbia mentale o caduta dei capelli, ricordando che conoscere la causa è il primo passo per alleviare il malessere e migliorare la qualità della vita senza dover abbandonare la terapia prescritta.
Nel corso della chiacchierata analizziamo minuziosamente i gruppi farmacologici più comuni e i nutrienti che ne risultano particolarmente colpiti. Approfondiamo gli inibitori della pompa protonica, come l'omeprazolo o il pantoprazolo, spiegando che non sono semplici "protettori dello stomaco", ma potenti soppressori dell'acido gastrico necessario per digerire le proteine e assimilare correttamente magnesio, vitamina D, calcio, ferro e, in modo molto critico, la vitamina B12, la cui carenza progressiva influisce sulla memoria e costituisce una delle principali cause reversibili di demenza. Allo stesso modo, spieghiamo il meccanismo delle statine per il colesterolo, che bloccano la sintesi epatica del Coenzima Q10, un antiossidante e nutriente mitocondriale indispensabile per la respirazione cellulare e la contrazione muscolare, il che giustifica la frequente comparsa di dolori muscolari o stanchezza cronica. Affrontiamo anche la metformina e il suo impatto sull'assorbimento della vitamina B12, avvertendo come questo deficit possa elevare l'omocisteina (una molecola proinfiammatoria con impatto cardiovascolare e sulla fertilità) se non viene adeguatamente reintegrata.
Inoltre, ci addentriamo negli effetti degli anticoncezionali orali, che aumentano il catabolismo e riducono l'attivazione epatica della vitamina B6, favorendo la comparsa di dermatite seborroica o ragadi agli angoli della bocca, e consumano le riserve di magnesio, folato e antiossidanti epatici. Analizziamo anche la perdita urinaria di magnesio, tiamina (vitamina B1) e zinco provocata dai diuretici, l'impatto muscolare e osseo dei corticosteroidi e la necessità di proteggere la mucosa gastrica con vitamina C quando si assume acido acetilsalicilico (aspirina) in modo continuativo. Infine, sottolineiamo l'importanza di scegliere sempre le forme chimiche attive e biodisponibili di ogni nutriente, come la metilcobalamina per la B12 o il piridossal-5-fosfato per la B6, e ripassiamo alcune interazioni cibo-farmaco chiave, come la necessità di evitare il pompelmo se si assumono statine o determinati antipertensivi. In definitiva, l'episodio invita ad abbandonare gli estremismi per capire che i farmaci e l'integrazione nutrizionale mirata possono coesistere in modo sinergico per proteggere la nostra salute integrale.
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EP 135: Insulino-resistenza: cause, sintomi e come migliorarla
L'insulina è un ormone assolutamente indispensabile per la vita e fondamentale per la sintesi della massa muscolare, ma quando i suoi livelli si mantengono costantemente elevati, diventa la principale responsabile dell'accumulo di grasso corporeo, specialmente a livello viscerale e addominale. In questo episodio approfondiamo cosa succede quando le nostre cellule diventano "impermeabili" all'azione dell'insulina , come se indossassero un impermeabile che impedisce loro di recepire il segnale, portando il pancreas a rispondere secernendone quantità sempre maggiori ed entrando in un circolo vizioso di iperinsulinemia e insulino-resistenza.
Questa alterazione metabolica non solo ostacola la perdita di peso o l'aumento della massa muscolare, ma ha un impatto diretto sull'intero equilibrio ormonale. Nel corso della chiacchierata spieghiamo come l'eccesso di grasso viscerale colpisca innanzitutto il fegato, portando al fegato grasso e compromettendo funzioni epatiche chiave come la detossificazione dalle tossine e la corretta attivazione di vitamine essenziali come la vitamina D e la B6. Di conseguenza, possono comparire problemi di umore, disturbi del sonno, aumenti imprevisti di colesterolo, trigliceridi e acido urico, oltre a manifestazioni sulla salute ormonale come la sindrome dell'ovaio policistico (PCOS), l'acne o la caduta dei capelli.
Per capire se stai attraversando questo processo, spieghiamo come identificarlo in modo semplice, sia attraverso un'analisi del sangue calcolando l'indice HOMA-IR (moltiplicando il glucosio a digiuno per l'insulina a digiuno e dividendo per 405, dove valori uguali o superiori a 2,5 suggeriscono resistenza) o semplicemente misurando la circonferenza della vita con un metro. Infine, condividiamo i pilastri fondamentali per recuperare la sensibilità metabolica e rimuovere quello strato impermeabilizzante dalle cellule: la combinazione di esercizio fisico di forza e cardiovascolare, un consumo di almeno 25-30 grammi al giorno di fibra prebiotica per favorire la secrezione naturale di ormoni della sazietà come il GLP-1, la riduzione di alcol e dolcificanti come sorbitolo e maltitolo, e la strategia di integrazione mirata con attivi come berberina fitosomiale, silimarina, Gymnema sylvestre o mio-inositolo.
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EP 134. GLP-1 e nutrizione: proteine, fibre e vitamine essenziali.
I trattamenti con agonisti del GLP-1 hanno segnato un punto di svolta nella gestione dell'obesità. Tuttavia, come per qualsiasi strumento terapeutico, non si tratta solo di perdere peso e, sebbene questi farmaci offrano ottimi risultati, comportano anche una grande responsabilità: evitare di perdere la salute metabolica lungo il percorso.
Perché, che ne è dei muscoli? Perché è così importante garantire un adeguato consumo di proteine? Che ruolo gioca la fibra quando mangiamo meno? E quali micronutrienti è opportuno monitorare, come ferro, vitamina B12, vitamina B1, vitamina D o colina?
In questo episodio parliamo della parte del trattamento di cui si parla meno: come fare in modo che la perdita di peso sia, inoltre, una perdita di grasso... e non di salute. Perché dimagrire non dovrebbe significare perdere forza, funzionalità o aumentare il rischio di carenze nutrizionali.
Se tu o qualcuno a te vicino state seguendo un trattamento con un agonista del GLP-1, credo che questo episodio possa aiutarvi a capire come supportarlo dal punto di vista della fisiologia e dell'evidenza scientifica per ottenere i migliori risultati. E se, inoltre, vuoi approfondire altri aspetti legati a questi trattamenti, ti consiglio di ascoltare anche gli episodi 77 e 111, dove troverai informazioni complementari che ti aiuteranno a comprendere meglio il loro funzionamento, i loro benefici e come utilizzarli nel modo più sicuro ed efficace possibile.
Come dico sempre: sapere di più per temere di meno e scegliere meglio.
EP 133. Glutine e celiachia: tutto quello che devi sapere su sintomi e diagnosi - Laura Crespo
La celiachia è una malattia autoimmune e sistemica che va ben oltre la semplice eliminazione del glutine dalla dieta. In questo episodio, insieme alla Dott.ssa Laura Crespo, approfondiamo cosa accade realmente quando una persona celiaca consuma glutine, come viene diagnosticata correttamente la malattia e perché è fondamentale non eliminare il glutine prima di effettuare i test. Inoltre, affrontiamo i sintomi frequenti e quelli meno noti, le differenze tra celiachia, allergia al grano e sensibilità al glutine non celiaca, e risolviamo dubbi sulla contaminazione crociata, sugli alimenti e sui prodotti quotidiani che possono contenere glutine in modo involontario. Un episodio imprescindibile per comprendere la celiachia basandosi sull'evidenza scientifica e sfatare i miti più comuni.
EP 132. Uova, yogurt, muffa, batteri e scadenza: errori comuni con il cibo - Mario Sánchez
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Sapevi che un alimento può sembrare perfetto e causare comunque un'intossicazione alimentare? In questo episodio parliamo con Mario Sánchez, tecnologo alimentare ed esperto di sicurezza alimentare, dei più comuni errori che commettiamo a casa nella manipolazione, cottura e conservazione degli alimenti. Dalla salmonella o listeria alle insalate in busta, al riso cotto, all'organizzazione del frigorifero o al riutilizzo dell'olio, sfatiamo miti e ripassiamo consigli pratici per ridurre i rischi quotidiani. Un episodio imperdibile per capire che mangiare in sicurezza non dipende solo da ciò che mangiamo, ma anche da come lo trattiamo.
EP 131. La sexologa Sandra Gómez parla chiaro del pavimento pelvico: miti, dolore e eiaculazione precoce
In questo episodio parliamo con Sandra Gómez, fisioterapista specializzata in pavimento pelvico e sessuologa, sull'importanza di prendersi cura di una parte del corpo di cui quasi non si parla. Parliamo di perdite di urina, dolore nei rapporti, esercizio fisico, contraccettivi ormonali, dolore mestruale e altri sintomi che spesso vengono normalizzati quando non dovrebbero esserlo.
Inoltre, sfatiamo miti frequenti e spieghiamo perché il pavimento pelvico è importante anche per la salute maschile.
Un episodio pratico per capire che convivere con i disturbi non è normale e che esiste una soluzione.
EP 130. Il medico offre le chiavi per migliorare la tua salute: affaticamento, sonno e muscoli - Dr. Enrique Esteve
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La stanchezza costante e la fatica non sono sempre problemi isolati: possono riflettere uno squilibrio più profondo tra sistema immunitario, sonno, muscolatura e infiammazione.
In questo episodio, il Dr. Enrique Esteve spiega il ruolo del virus di Epstein-Barr nella fatica, le riattivazioni virali e la loro relazione con alcune malattie autoimmuni.
Affrontiamo anche l'importanza del sonno, l'impatto dei farmaci per dormire e il ruolo del muscolo nell'immunità, oltre a temi come la tiroidite, l'istamina o la sindrome antifosfolipidica ostetrica.
Un promemoria che il corpo funziona come un tutt'uno, dove immunità, riposo e fertilità sono profondamente connessi.
EP 129. I tuoi occhi possono avvisarti prima di chiunque altro: la dottoressa oculista svela i segreti - Dott.ssa Sara Mora
Gli occhi non funzionano in modo isolato: possono rivelare molto sulla salute generale.
In questo episodio, l'oculista Sara Mora spiega come malattie come il diabete o l'ipertensione possano essere individuate attraverso la vista e quali segnali dovrebbero metterci in guardia.
Affrontiamo anche temi come l'occhio secco, l'affaticamento visivo, l'uso di lenti a contatto e fattori come la gravidanza o la menopausa. Un promemoria che prendersi cura della salute oculare è fondamentale e che vedere bene non significa sempre stare bene.
EP 128. Come influisce la glicemia: diabete, alcol, dolcificanti e sport - Adrián Díaz
Il diabete di tipo 1 è una malattia autoimmune, complessa e invisibile. In questo episodio, Don Sacarino ci aiuta a capire i suoi sintomi, la sua diagnosi e il suo impatto sulla vita quotidiana. Parliamo di glucosio, ipoglicemie, tecnologia, esercizio fisico e affaticamento mentale per comprendere meglio cosa significa conviverci.