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EP 138. Menopausía: Síntomas, hormonas y tratamiento.

EP 138. Menopausía: Síntomas, hormonas y tratamiento.

Menopausia y perimenopausia: qué ocurre, síntomas y cuándo está indicada la terapia hormonal Hola, soy la Dra. Isabel Viña Bas, médica y Directora Científica de IVB Wellness Lab. La perimenopausia y la menopausia son dos de las etapas que más dudas generan. ¿Cuándo empieza realmente la menopausia? ¿Por qué aparecen los sofocos, la niebla mental, los cambios de humor o el insomnio? ¿Qué podemos hacer para acompañar estos cambios? ¿Cuándo tiene sentido recurrir a la terapia hormonal y cuándo pueden ayudarnos otras herramientas? Lo primero que quiero dejar claro es que la menopausia no es una enfermedad. Es un proceso fisiológico en el que los ovarios van agotando progresivamente su función y el organismo tiene que adaptarse a un nuevo entorno hormonal. Pero que sea un proceso fisiológico no significa que todas las mujeres lo vivan igual. Hay mujeres que apenas presentan síntomas y otras que experimentan cambios que afectan de forma importante a su calidad de vida. Por eso, entender qué está pasando dentro de nuestro cuerpo es el primer paso para decidir cómo acompañarlo. ¿Qué es la menopausia y qué diferencia hay con la perimenopausia? La menopausia se define como el momento en el que ha transcurrido un año completo sin menstruación. La perimenopausia, en cambio, es la etapa de transición que rodea a la menopausia. Puede comenzar varios años antes de la última menstruación y prolongarse durante un tiempo después. Durante esta etapa se producen importantes cambios hormonales. Los ovarios van agotando progresivamente su actividad y los estrógenos comienzan a disminuir. Por eso me gusta explicarlo como una especie de adolescencia tardía: nuestro organismo está adaptándose a un nuevo estado hormonal. Y, igual que no existen dos adolescencias iguales, tampoco existen dos transiciones a la menopausia iguales. Hay mujeres que presentan sofocos, irritabilidad, niebla mental, alteraciones del sueño, sequedad vaginal o cambios en la composición corporal. Y otras que viven esta etapa con muy pocos síntomas. Ambas situaciones son normales. ¿A qué edad llega la menopausia? La menopausia fisiológica suele producirse entre los 45 y los 55 años, con una edad media aproximada de 51 años. Cuando aparece entre los 40 y los 44 años, hablamos de menopausia precoz. Por debajo de los 40 años se habla de insuficiencia ovárica primaria. Estas situaciones requieren un abordaje diferente al de la menopausia fisiológica. Si una mujer tiene menos de 45 años y deja de menstruar durante varios meses, no debemos asumir automáticamente que se encuentra en menopausia. Existen otras causas que pueden alterar el ciclo menstrual y que son potencialmente reversibles. Por eso, en estos casos puede ser necesario valorar parámetros como: Prolactina, ya que una elevación puede suprimir la menstruación. TSH, porque las alteraciones de la función tiroidea también pueden modificar el ciclo. FSH y estradiol, para valorar el eje hormonal. Hormona antimülleriana, para valorar la reserva ovárica. Si finalmente se confirma una menopausia precoz o una insuficiencia ovárica primaria, puede estar indicada una terapia hormonal sustitutiva hasta alcanzar la edad habitual de la menopausia, siempre que no existan contraindicaciones. En estos casos no hablamos únicamente de tratar síntomas: estamos sustituyendo unas hormonas que deberían estar presentes de manera natural en esa etapa de la vida. ¿Por qué aparecen tantos síntomas durante la perimenopausia? La menopausia no ocurre de un día para otro. Durante la perimenopausia, los ovarios van agotando su actividad y los niveles de estrógenos pueden fluctuar mucho. Me gusta explicarlo con un ejemplo muy sencillo: imagina que tienes un bote de ketchup al que le queda muy poco. Lo agitas y no sale nada. Lo vuelves a agitar y, de repente, sale una gran cantidad. Con los ovarios puede suceder algo parecido. Hay ciclos en los que todavía existe una producción importante de estrógenos y pueden aparecer síntomas como: Retención de líquidos. Reglas muy abundantes o prolongadas. Síntomas premenstruales más intensos. Irritabilidad. Cambios de humor. Y, a medida que se aproxima la menopausia y predomina el descenso de estrógenos, aparecen otros síntomas más característicos: Sofocos. Sudoración nocturna. Alteraciones del sueño. Niebla mental. Cambios en el estado de ánimo. Sequedad de la piel. Picor. Sequedad vaginal. Infecciones urinarias recurrentes. Esto explica por qué la perimenopausia puede resultar tan desconcertante: un mes puedes encontrarte de una manera y al siguiente experimentar síntomas completamente diferentes. Los estrógenos no solo intervienen en la fertilidad Una de las ideas fundamentales para comprender la menopausia es que los estrógenos son hormonas sistémicas. No actúan únicamente sobre el aparato reproductor. Tienen receptores en diferentes tejidos y participan en funciones relacionadas con el cerebro, el metabolismo, los vasos sanguíneos, la piel, las mucosas y los huesos. Por eso, cuando los niveles de estrógenos disminuyen, los cambios pueden aparecer en diferentes partes del organismo. Y esto explica por qué la menopausia puede manifestarse de tantas maneras diferentes.  ¿Por qué aparecen la niebla mental y los cambios de ánimo? Los estrógenos tienen una función importante en el cerebro. Favorecen la síntesis y la acción de la serotonina, relacionada con el bienestar, y también intervienen en la dopamina, relacionada con la motivación y la sensación de recompensa. Además, los estrógenos participan en la conexión entre las neuronas y favorecen la producción del factor neurotrófico cerebral, relacionado con el mantenimiento y desarrollo de las conexiones neuronales. Cuando los estrógenos disminuyen, especialmente durante los primeros años, el cerebro tiene que adaptarse a ese nuevo entorno hormonal. Por eso pueden aparecer: Niebla mental. Dificultad para concentrarse. Alteraciones de la memoria. Cambios de humor. Tristeza. Falta de motivación. Esta situación no tiene por qué mantenerse indefinidamente. El cerebro es capaz de adaptarse al nuevo entorno hormonal, y por eso estos síntomas pueden ser especialmente marcados durante los primeros años.  ¿Por qué el ejercicio es tan importante durante la menopausia? Aquí encontramos una de las herramientas más importantes para acompañar esta etapa: el ejercicio físico y, especialmente, el músculo. El ejercicio puede favorecer de manera independiente la producción de serotonina, dopamina y factor neurotrófico cerebral. Además, el músculo es capaz de producir moléculas que tienen efectos sobre el cerebro. Por eso, mantener una buena masa muscular no es únicamente una cuestión estética. Durante la menopausia, el entrenamiento de fuerza puede convertirse en una herramienta para acompañar: La función cognitiva. El estado de ánimo. El metabolismo. La composición corporal. El mantenimiento de la masa muscular. Y cuanto antes empecemos a cuidar el músculo, mejor. No deberíamos esperar a llegar a la menopausia para empezar a trabajar en él. ¿Por qué aparecen los sofocos? Los sofocos son uno de los síntomas más conocidos de la menopausia y también tienen una explicación hormonal. Los estrógenos intervienen en los mecanismos cerebrales que regulan la temperatura corporal. Cuando disminuyen, especialmente durante los primeros años, se altera este sistema de termorregulación. El resultado es que una temperatura que para otra persona puede ser completamente normal puede provocar en nosotras una sensación repentina de calor. Aparece entonces el sofoco, que puede acompañarse de sudoración y ser especialmente molesto durante la noche. El alcohol puede actuar además como uno de los factores que desencadenan o empeoran los sofocos, por lo que reducir su consumo puede formar parte de las medidas de estilo de vida que se pueden valorar.  ¿Qué complementos pueden ayudar durante la menopausia? Dependiendo de los síntomas, existen diferentes complementos que pueden utilizarse como apoyo. Las isoflavonas de soja son uno de los complementos con mayor evidencia dentro del abordaje nutracéutico de la menopausia. También pueden utilizarse, dependiendo del objetivo: Salvia, especialmente en relación con los sofocos. Valeriana, especialmente cuando existen alteraciones del sueño. Extracto de azafrán, para determinados síntomas relacionados con el estado de ánimo y el apetito. Bacopa monnieri, en el contexto de memoria y función cognitiva. Omega-3 rico en DHA, por su interés en la función cerebral. Zinc. L-teanina. La elección debe depender de los síntomas que presente cada mujer. No se trata de tomar todos los complementos disponibles, sino de identificar qué necesidades existen y elegir las herramientas que tengan sentido. ¿Las isoflavonas de soja son seguras durante la menopausia? Este es un punto que genera muchas dudas. Las isoflavonas de soja son fitoestrógenos, pero no son estrógenos humanos. Su acción depende de los receptores estrogénicos a los que se unen y, por tanto, no reproducen exactamente el comportamiento de nuestros estrógenos en todos los tejidos. En el episodio se destaca precisamente su interés en el abordaje nutracéutico de la menopausia y su perfil de seguridad. Además, se señala que la soja puede actuar sobre diferentes tejidos relacionados con los síntomas de la menopausia, como los vasos sanguíneos, el cerebro o las mucosas. Por eso, las isoflavonas de soja pueden ser una de las opciones a valorar cuando una mujer quiere acompañar determinados síntomas mediante suplementación.  ¿Por qué cambia la composición corporal durante la menopausia? Otro de los cambios que más preocupan durante esta etapa es la modificación de la composición corporal, especialmente la tendencia a acumular grasa en la zona abdominal. Los estrógenos participan en la regulación del metabolismo y de la sensibilidad a la insulina. Cuando disminuyen, cambia el entorno hormonal y metabólico. Además, durante esta etapa también pueden aparecer cambios en el apetito y alteraciones del sueño. Todo ello puede contribuir a que resulte más fácil acumular grasa y más difícil mantener la composición corporal que teníamos anteriormente. Por eso, el abordaje no debería centrarse únicamente en comer menos. Tenemos que cuidar especialmente: El ejercicio de fuerza. La ingesta adecuada de proteína. La actividad física. La calidad de la alimentación. El descanso. ¿Cómo podemos proteger la masa muscular durante la menopausia? El músculo es uno de los grandes protagonistas de esta etapa. Mantener una buena masa muscular ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina y favorece una composición corporal saludable. La herramienta fundamental es el entrenamiento de fuerza. Pero el músculo necesita también los nutrientes necesarios para mantenerse. Por eso debemos asegurar un aporte adecuado de proteína y, en determinadas situaciones, podemos utilizar complementos como: Creatina. HMB. Vitamina D. Taurina. No se trata de sustituir el entrenamiento por suplementos. El estímulo principal sigue siendo el ejercicio de fuerza. La suplementación puede utilizarse como apoyo cuando tiene sentido dentro de una estrategia individualizada. ¿Por qué aparece la sequedad vaginal durante la menopausia? Los estrógenos también tienen un papel fundamental en el tejido vaginal y urinario. Participan en el mantenimiento de la mucosa y favorecen un entorno adecuado para los microorganismos que forman parte de la flora vaginal. Cuando disminuyen, pueden aparecer: Sequedad vaginal. Picor. Irritación. Dolor durante las relaciones. Infecciones urinarias recurrentes. Alteraciones urinarias. Es lo que conocemos como síndrome genitourinario de la menopausia. Para estos síntomas existen diferentes opciones, desde hidratantes vaginales no hormonales hasta tratamientos locales con estrógenos. Si una mujer tiene antecedentes que hagan necesario extremar las precauciones con tratamientos hormonales, las opciones no hormonales pueden ser especialmente interesantes.  ¿Cuándo está indicada la terapia hormonal de la menopausia? La terapia hormonal puede ser una herramienta muy eficaz, pero no está indicada para todas las mujeres ni debe utilizarse como tratamiento preventivo en mujeres que no presentan síntomas. En el episodio se identifican cuatro grandes situaciones en las que puede estar indicada: 1. Síntomas vasomotores Principalmente sofocos que afectan a la calidad de vida. 2. Prevención de fracturas Puede utilizarse para la prevención de osteoporosis en mujeres con un riesgo moderado o alto de fractura. Es importante diferenciar prevención de tratamiento: la terapia hormonal no es el tratamiento de una osteoporosis ya establecida. 3. Síndrome genitourinario En mujeres con síntomas como picor, dolor durante las relaciones o infecciones urinarias recurrentes que no han mejorado adecuadamente con tratamiento estrogénico local, puede valorarse la terapia hormonal. La incontinencia urinaria es una excepción importante, ya que la terapia hormonal puede empeorarla. 4. Menopausia precoz o insuficiencia ovárica primaria En estos casos la terapia hormonal tiene un objetivo diferente: sustituir las hormonas que deberían estar presentes hasta alcanzar la edad habitual de la menopausia. ¿Hay que tomar terapia hormonal durante toda la vida? No necesariamente. Hay mujeres que la utilizan durante unos años y posteriormente reducen progresivamente la dosis. Otras necesitan mantenerla durante más tiempo y otras deciden suspenderla antes. Lo importante es entender que no existe una duración idéntica para todas las mujeres. Muchas veces se comienza durante los primeros años, cuando los síntomas son más intensos, y posteriormente se revisa la situación. Si los síntomas han mejorado, puede plantearse una reducción progresiva. Y si una mujer decide cambiar de estrategia, utilizar complementos o suspender la terapia, esto no significa que haya fracasado. La estrategia puede cambiar a medida que cambian las necesidades.  ¿Puede utilizarse terapia hormonal durante la perimenopausia? Existe una situación concreta en la que puede valorarse durante la transición: la depresión asociada a la perimenopausia. Durante los primeros años de esta transición se produce un cambio hormonal importante y los estrógenos influyen sobre la serotonina, la dopamina y el factor neurotrófico cerebral. En algunas mujeres puede aparecer un cuadro depresivo relacionado específicamente con esta transición. Pero es importante hacer una distinción: no estamos hablando de cualquier depresión. Se trata de una situación concreta relacionada con la transición hormonal y debe ser valorada de forma individual.  ¿Y qué ocurre con la pérdida de libido? La disminución del deseo sexual también puede aparecer durante la menopausia. Los estrógenos tienen receptores en diferentes zonas del cerebro relacionadas con la motivación y la excitación, por lo que su descenso puede contribuir a una disminución del deseo. En determinados casos, la testosterona puede utilizarse para el trastorno del deseo sexual hipoactivo asociado a la menopausia. Pero hay algo que no debemos olvidar. Si una mujer tiene sofocos, no duerme bien, presenta sequedad vaginal, dolor durante las relaciones y cambios en el estado de ánimo, es lógico que su deseo sexual también disminuya. Por eso, tratar únicamente la libido no siempre es suficiente. Hay que abordar el conjunto de factores que están afectando al bienestar de esa mujer.  ¿Cuándo está contraindicada la terapia hormonal? Antes de iniciar una terapia hormonal es fundamental valorar los antecedentes personales. Entre las situaciones que contraindican la terapia hormonal se encuentran: Sangrado vaginal inexplicado. Cáncer de mama activo. Determinados cánceres ginecológicos hormonodependientes. Cáncer de endometrio de riesgo medio o alto. Antecedentes personales de tromboembolismo pulmonar. Antecedentes de ictus. Antecedentes de infarto agudo de miocardio. Además, existen situaciones en las que el problema se encuentra específicamente en el uso de estrógenos por vía oral, como determinados trastornos de la coagulación, factor V de Leiden, algunos antecedentes de migraña o cálculos biliares. En estos casos puede ser preferible, cuando la terapia está indicada, utilizar una vía transdérmica. Por eso, antes de decidir qué tratamiento utilizar, la primera pregunta siempre debería ser: ¿Soy candidata a la terapia hormonal?  ¿Qué hay que valorar antes de iniciar una terapia hormonal? Cuando una mujer es candidata, todavía hay que valorar varios aspectos. En el episodio se plantea revisar: Riesgo cardiovascular. Estado de las arterias carótidas. Riesgo individual de cáncer de mama. Mamografía al día. Densidad mineral ósea. Y existe una pregunta fundamental: ¿Tienes útero? Porque esto condiciona el tratamiento. Si una mujer tiene útero, los estrógenos deben acompañarse de progesterona, ya que los estrógenos estimulan el crecimiento del endometrio. La progesterona actúa como protección frente a ese crecimiento. Si no existe útero, no es necesario utilizar progesterona únicamente con este objetivo.  ¿Qué opciones existen dentro de la terapia hormonal? Los estrógenos pueden administrarse mediante diferentes vías: Parches transdérmicos. Vía oral. Pulverización transdérmica. En general, la vía transdérmica permite evitar el metabolismo hepático de primer paso de los estrógenos orales y puede ser especialmente interesante cuando existen determinados factores de riesgo. La progesterona puede administrarse por vía oral o vaginal. También existen otras opciones terapéuticas, como la tibolona, que tiene actividad estrogénica, progestagénica y androgénica, y puede tener efectos sobre los sofocos, el sueño, el estado de ánimo, la libido y el hueso. Otra alternativa es la combinación de estrógenos conjugados con bazedoxifeno, que permite proteger el endometrio sin utilizar progesterona. La elección depende siempre de las características de cada mujer, sus antecedentes, sus síntomas y sus preferencias. ¿Podemos combinar terapia hormonal y complementos? Sí. Los complementos y la terapia hormonal no tienen por qué ser excluyentes. Una mujer puede utilizar terapia hormonal y determinados complementos si tiene sentido para sus necesidades. Otra puede no querer utilizar terapia hormonal y optar por estrategias nutricionales y de estilo de vida. Otra puede utilizar complementos durante una etapa y posteriormente valorar una terapia hormonal. Y otra puede reducir o suspender la terapia hormonal cuando sus síntomas hayan mejorado. No existe una única estrategia correcta para todas. Lo importante es conseguir el máximo beneficio posible con el menor riesgo y utilizando las herramientas que realmente necesita cada mujer. Menopausia: entender el cambio para poder acompañarlo La menopausia no es simplemente el momento en el que desaparece la menstruación. Es una transición hormonal que puede afectar a diferentes sistemas del organismo y que cada mujer experimenta de una manera diferente. Los sofocos, los cambios de humor, la niebla mental, las alteraciones del sueño, los cambios en la composición corporal o la sequedad vaginal tienen una explicación relacionada con el nuevo entorno hormonal. Y precisamente por eso, el abordaje tampoco tiene por qué ser siempre el mismo. La terapia hormonal puede ser una herramienta muy eficaz cuando está indicada. Los complementos pueden ayudar en determinados síntomas. Y el ejercicio de fuerza, la proteína, el descanso y una alimentación adecuada deberían formar parte de la estrategia de salud independientemente de que utilicemos o no terapia hormonal. Porque no se trata de luchar contra la menopausia. Se trata de entender qué está pasando y elegir, con criterio, las herramientas que mejor se adapten a cada etapa y a cada mujer. Transformar tu salud es cuestión de aplicar ciencia con constancia, día a día.   Ojala os guste :)Para mas información ya sabéis que me tenéis en mi instagram @isabelvina dónde te comparto contenido diarioMi TikTok @isabelvinabasEn mi canal de YouTube Y los suplementos formulados por mi https://ivbwellness.com