¿Cómo es posible tener el colesterol alto si comes saludable, haces ejercicio y cuidas tus hábitos?
Hay una frase que se repite en consulta más de lo que imaginas: "me cuido, hago deporte, como bien, y tengo el colesterol alto". Y la respuesta corta es que el colesterol de tu analítica depende mucho menos de lo que comes de lo que te han contado.
En este episodio, Isabel responde a las dudas que más le llegaron por Instagram sobre colesterol.
El colesterol no es el enemigo
Antes de hablar de números conviene recordar para qué sirve. El colesterol es una molécula precursora, es decir, el material de partida de cosas que necesitas sí o sí:
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Ácidos biliares, imprescindibles para emulsionar y absorber grasas, vitaminas liposolubles y ácidos grasos esenciales. Un metabolismo biliar deficiente genera digestiones pesadas, reflujo y sobrecrecimiento bacteriano, y también eleva el colesterol.
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Hormonas esteroideas: cortisol, aldosterona (la hormona que regula la tensión arterial), testosterona, estrógenos, androstenediona y DHEA.
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Vitamina D, Cuando la radiación solar impacta en la piel, el 7-dehidrocolesterol se convierte en vitamina D3, que después se activa en el hígado y en el riñón.
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Membranas celulares. La capa protectora de todas tus células, la que decide qué entra, cuándo y en qué cantidad, necesita colesterol.
Por eso todas las células del cuerpo tienen maquinaria para fabricar su propio colesterol. Y aquí aparece la pregunta interesante: si cada célula se autoabastece, ¿por qué se acumula en sangre?
El exceso viene del hígado, no del plato
El hígado produce alrededor de 1.200 mg de colesterol al día. El máximo que puede absorberse de la alimentación ronda los 300 a 400 mg.
El hígado fabrica el que necesita para sí mismo, más un extra que reparte al resto de células por si alguna se queda corta. Cuando ese mecanismo de regulación se pierde, hay un excedente y ese colesterol se queda circulando en sangre.
¿Significa esto que la dieta da igual? No. El colesterol de la dieta influye, y en algunas personas mucho: son los hiper respondedores, que por genética tienen los transportadores intestinales de colesterol muy activados y con poca cantidad ya les sube. Otras personas son normo respondedoras y otras hipo respondedoras, capaces de comer prácticamente de todo sin que se les mueva el perfil lipídico. Pero comparado con lo que aporta un hígado desregulado, el peso de la dieta es menor del que muchas veces se explica.
Tus genes influyen, pero tu estilo de vida decide
La genética es uno de los factores principales de que tu hígado pierda esa regulación, sin embargo eso no significa que no puedas hacer nada, estos son algunos factores que pueden aumentar tu colesterol:
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Hígado graso. Uno de cada tres o cuatro adultos aparentemente sanos tiene más de un 5% de grasa en el hígado. Un hígado infiltrado pierde células funcionales, se inflama y produce colesterol de forma desordenada.
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Resistencia a la insulina. El hígado graso la genera, y la insulina también regula la producción de lípidos, triglicéridos y colesterol. Se retroalimentan.
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Bajo consumo de fibra. Nueve de cada diez personas no llegan al mínimo de 25 a 30 gramos al día.
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Exceso de grasa corporal y falta de músculo, que generan inflamación crónica de bajo grado.
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Hábitos como alcohol, tabaco, azúcar, grasas trans, dormir poco.
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Alteraciones hormonales: hipotiroidismo, caída de estrógenos, y ciertos fármacos como algunos anticonceptivos hormonales, tamoxifeno, anastrozol o letrozol.
La fibra: dos mecanismos que casi nadie explica
La fibra actúa por dos vías a la vez. Primero, reduce directamente la absorción del colesterol de la dieta en el intestino. Segundo, se pega a parte de los ácidos biliares y los "agota", con lo cual el hígado tiene que fabricar más. Como para fabricar ácidos biliares necesita gastar colesterol, el resultado neto es que el colesterol baja.
Y hay un tercer efecto indirecto: al mejorar la resistencia a la insulina, mejora también el metabolismo lipídico.
Un apunte que casi nunca se escucha: en hipertensión todo el mundo insiste en bajar la sal, y es una recomendación adecuada. Pero la evidencia dice que una dieta alta en fibra baja más la tensión que una dieta baja en sal.
La arteriosclerosis no empieza a los 60
Empieza en torno a los 18 o 20 años. Cuando da la cara, a los 60 o los 80, lleva décadas desarrollándose. Ya se ven alteraciones del perfil lipídico en analíticas bien hechas de chicos y chicas de 23, 25 y 28 años.
Llevamos treinta o cuarenta años tratando de forma intensiva el colesterol con estatinas y la tensión con antihipertensivos, y las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en países desarrollados. Si empezamos a preocuparnos a los 40, llegamos tarde.
Es fácil ser médico de gente enferma: como está tan mal, cualquier cosa que hagas se nota. Lo verdaderamente complejo, y lo que de verdad cambia las cifras de población, es mantener sana a una persona sana.
Qué pedir en la analítica del colesterol
Aquí está una de las claves del episodio: con el colesterol total y el LDL no basta.
Piensa en las arterias como una carretera, y en las lipoproteínas como camiones. El LDL te dice cuántas canicas lleva cada camión, es decir, lo llenos que van. Pero la probabilidad de accidente depende también, y mucho, de cuántos camiones circulan.
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LDL: cuánto colesterol transportan las partículas.
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ApoB: el número de partículas, es decir, cuántos camiones hay. Este es el dato que más se olvida.
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Lipoproteína(a): una partícula de origen puramente genético cuyo riesgo no viene tanto del colesterol que lleva como de lo oxidante, inflamatoria y trombótica que es. Las guías recomiendan desde hace años medirla al menos una vez en la vida.
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HDL: aquí ojo, más no es mejor. Por encima de 100 ese colesterol "bueno" suele ser disfuncional: hay mucha cantidad porque no está funcionando bien. No hay que bajarlo, pero conviene saber que no es un valor ideal. Lo que lo vuelve funcional es lo de siempre: fibra, nada de alcohol y, sobre todo, no fumar.
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Triglicéridos: aportan información sobre el metabolismo energético.
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Glucosa e insulina en ayunas, para calcular el índice de resistencia a la insulina (HOMA-IR). Como referencia práctica, un valor a partir de 2,5 apunta a resistencia a la insulina.
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Perímetro de cintura: por encima de 88 cm en mujer y 94 cm en hombre ya orienta.
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PCR ultrasensible (marcada como US o HS en el informe, no la PCR convencional). Por encima de 0,5 indica inflamación crónica de bajo grado.
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VSG (velocidad de sedimentación globular), un parámetro sencillo y muy útil para inflamación que se suele pasar por alto.
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Hormonas tiroideas.
El caso de la tiroides
La tiroides es encargada de generar energía en tu organismo. Cuando su función baja, todas las funciones se reducen, incluidas la síntesis y la eliminación de colesterol. El detalle es que la eliminación se frena mucho más que la producción: fabricas menos, pero eliminas muchísimo menos, así que acumulas.
Por eso la elevación del colesterol es una de las alteraciones características del hipotiroidismo, y por eso toda persona con colesterol alto debería tener revisada su función tiroidea antes de decidir nada.
Con una TSH por encima de 4, el criterio de Isabel es optimizarla antes de centrarse solo en el colesterol, con un objetivo en torno a 2 o 2,5. Si con esa TSH el colesterol sigue alto, estás en el grupo anterior: genética y estilo de vida.
Hábitos que pueden ayudar a mejorar tu perfil lipídico:
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Aumentar el consumo de fibra. Consumir de 25 a 30 gramos diarios como mínimo. Incorpora la fibra durante unos meses y vuelve a medir tus resultados.
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Fuerza. La grasa del hígado se elimina haciendo ejercicio de fuerza, y la evidencia muestra que ocurre incluso sin que la báscula se mueva. El objetivo razonable son dos sesiones semanales de 35 a 40 minutos que reten de verdad al músculo.
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Eliminar factores perjudiciales de tu estilo de vida: alcohol, tabaco, azúcar, dormir poco.
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Revisar la causa, con la analítica completa que te sugeríamos, antes de asumir que el problema es "comer mal".
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Suplementación, si procede y con criterio. En resistencia a la insulina y metabolismo del colesterol, Isabel Viña menciona la berberina bien formulada (fitosomada o liposomada, porque la berberina convencional se absorbe mal) acompañada de silimarina, además de N-acetilcisteína, licopeno, coenzima Q10, astaxantina y mioinositol. No hay que tomarlos todos, hay que encontrar el que mejor puede apoyarte.
Una idea que atraviesa todo el episodio: las estatinas y la levadura de arroz rojo actúan frenando la producción hepática de colesterol. Está bien, pero si solo frenamos el grifo nos olvidamos del colesterol que ya está circulando. Por eso tiene sentido acompañar con un abordaje que favorezca también la eliminación.
Este contenido es divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Cualquier cambio en tu tratamiento o la interpretación de tu analítica debe hacerse con tu médico.